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Dependiendo de qué tipo de demencia se trate se puede observar la afectación del lenguaje en mayor o menor medida pero, junto con la memoria, es una de las áreas que se ve afectada de manera más inmediata; la reducción en la fluidez verbal, estar en la conversación y no encontrar la palabra adecuada, querer nombrar un objeto y empezar a darle vueltas… ¿Qué hacer cuando no logro entenderme con mi familiar enfermo?

María Rodríguez Poyo ha ofrecido una serie de pautas y estrategias en el Seminario ‘Comunicación e Interacción con las personas afectadas por una Demencia”, impartido en el Centro Terapéutico de Día ‘Ciudad Jardín’, dentro del Programa de Atención a Familias de la Asociación de Alzheimer de Zamora. «La comunicación está dentro de la relación entre enfermo y familiar como uno de los aspectos más importantes para facilitar el día a día, en algún momento vemos cómo el lenguaje se altera (desde la articulación, la denominación, la comunicación verbal, la comprensión, la emisión…) lo que supone ciertas dificultades; para la familia cada vez es más complicado acceder al enfermo tanto para ser entendidos como para comunicarse con ellos.»

Por ello, el Seminario ha comenzado con una reflexión general sobre la comunicación no sólo con la persona afectada sino también entre el resto de familiares, para que sean conscientes de su importancia. Cómo la valoran, cómo la ponen en marcha en su día a día, qué tipo de comunicación tienen y si saben escuchar adecuadamente.

«El cuidador tiene que desarrollar una empatía con el propio enfermo, la cual es complicada, pero los familiares que la ponen en marcha son conscientes de los beneficios obtenidos y de la complicidad que se puede llegar a establecer entre ellos.» Una buena comunicación influye tanto anímica como conductualmente en el enfermo, así como en la propia calidad de los cuidados que recibe, ya que su familiar sabrá con más certeza cómo está en cada momento.

El cuidador tiene que conocer hasta dónde llegan las capacidades de la persona que atiende, qué comprende y qué puede expresar para poder facilitarle la comunicación adecuada con espacios de silencios, refuerzos y alternativas, “utilizando frases cortas, no haciendo preguntas abiertas, no hablando demasiado rápido”, incluso cuando se llega a fases muy avanzadas de la enfermedad poder entender señales desde la comunicación no verbal “con movimientos y gestos se pueden saber cosas tan básicas como si tienen sed, hambre o les duele algo”.

Siempre hemos de ser conscientes de que se trata de un adulto, con un bagaje y una experiencia de vida muy rica. “Por eso jamás nos podemos dirigir a él como si fuera una persona que nunca ha desarrollado sus habilidades. Que ahora no entienda ciertas cosas no significa que en algún momento de su vida no lo hiciera”, incide la psicóloga Rodríguez Poyo.

Pequeños detalles como mirar siempre a la persona de frente, utilizar una comunicación empática, afectiva, utilizando los gestos y el tacto, son estrategias sencillas que pueden facilitarnos la expresión de determinadas emociones y reducir situaciones de frustración en la vida diaria.

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